Hoy se cumplen 100 años de haberse inaugurado el Teatro Nacional
Desde su creación, el Teatro Nacional fue escenario de óperas italianas, zarzuelas, dramas, conferencias científicas, conciertos de caridad y filmes cinematográficos importantes.

Un 3 de noviembre de 1911, el presidente Manuel Enrique Araujo colocó la primera piedra del Teatro Nacional. El edificio —diseñado por el arquitecto francés Daniel Beylard—fue construido con el sistema conocido como hennebique (hormigón armado) e inaugurado el 1 de marzo de 1917, por el presidente Carlos Meléndez.

Desde su creación, el Teatro Nacional fue escenario de óperas italianas, zarzuelas, dramas, conferencias científicas, conciertos de caridad y filmes cinematográficos importantes. Su capacidad es de 650 asientos, distribuidos en tres niveles entre los cuales destaca el exclusivo palco presidencial.

Pero hubo una época en que el monumento estuvo en ruinas, por el mal uso que se le dio a sus espacios, utilizados por años como oficinas de los Juzgados de Paz, alcaldía, policía municipal, biblioteca, Radio Nacional y hasta como sala de cine.

El director teatral y Premio Nacional de Cultura 2015, Roberto Salomón, cuenta que en 1975—cuando fungía como director del centenario espacio—, decidió que había que “salvar” al teatro de la ruina en que se encontraba. “Cada quien había colocado maderas y creado su propio espacio con candado. ¡Hasta se alquilaban cuartos por hora!”, recuerda.

El artista rememora que, con el apoyo de Carlos de Sola, entonces director general de Cultura, y de Alberto Zúñiga, viceministro de Cultura Juventud y Deportes, pidieron a Rogelio Sánchez, ministro de Educación, que convenciera al presidente Arturo Armando Molina de la importancia de la remodelación.

Una vez aprobado el proyecto, se contrató a Ricardo Jiménez Castillo para la obra arquitectónica, a Simón Magaña para la decoración, a Carlos Cañas para la elaboración de murales y pinturas, a Negra Álvarez para los acabados en repujado de cobre y a Roberto Salomón para el escenario contemporáneo.

Como parte de la remodelación, se botaron escaleras sobre tres pisos para crear las salas aledañas (Pequeña Sala, Café Teatro y Sala de Cámara) y se descubrieron los mármoles que habían sido encementados. Algunos de los muebles fueron elaborados en el teatro, el resto fue importado desde Estados Unidos: Alfombras, butacas (imitando la línea Thonet), atriles y tapices.

“Varias embajadas, sobre todo la de Japón, suplen los equipos técnicos sofisticados. Durante dos años, se trabaja noche y día para convertir al Teatro Nacional en la joya que es hoy, orgullo de todo el país”, dice Salomón.

Reinaugurado en 1978, el Teatro Nacional cuenta con una cúpula elipsoidal que contiene un impresionante mural del pintor Carlos Cañas, combinado con una lámpara de cristal. El edificio fue nombrado Monumento Nacional en 1979, por la Asamblea Legislativa.

Tras años de calma y esplendor, el edificio volvió a sufrir daños con los dos terremotos de enero y febrero de 2001—había resistido la embestida de los terremotos de 1917, 1932, 1965, 1982 y 1986—. Su reparación se llevó a cabo del 2003 al 2008, año en que se reinauguró.

Además de artistas de talla internacional, como el guitarrista paraguayo Agustín Barrios Mangoré (julio de 1933), en la Gran Sala del Teatro Nacional se han presentado artistas nacionales como el Ballet de Alcira Alonso, la Compañía Nacional de Danza, la Orquesta Sinfónica de El Salvador y el Teatro Hamlet, entre otros.

Entre sus directores, destacan importantes figuras del ámbito artístico como el compositor Manuel Carcache, la directora de teatro Tatiana de la Ossa, el dramaturgo Álvaro Menéndez Leal y el cineasta André Gutfreund.

El espacio recibe cada mes a unas cuatro mil personas, que además de ir a ver los espectáculos quieren conocer la joya arquitectónica. Lejos quedan ya los días de abandono del monumento, que fue utilizado hasta de dormitorio.

Información tomada de la Secretaria de Cultura de la Presidencia. 

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